Los otros presos del Líbano

Los otros preso del Líbano

Más de 600 libaneses pagan en las cárceles sirias su oposición a Damasco

Natalia Sancha

Anjad Mughallem tenía cinco años cuando en 1977 una milicia desconocida arrestó a su padre y lo trasladó a una prisión secreta en Siria. Hoy, a pesar de alegrarse por las familias de los presos libaneses recién liberados por Israel, Anjad murmura entre la rabia y la impotencia: «Hasta los presos libaneses estaban mejor tratados en las cárceles israelíes que nuestros familiares en las cárceles sirias».

Anjad forma parte de un grupo de familiares de libaneses desaparecidos a manos de los servicios secretos sirios, denominado Solide, cuyos miembros se turnan desde hace tres años para dormir en una pequeña tienda de campaña montada a los pies de las oficinas de las Naciones Unidas, en pleno centro de Beirut. El lunes pasado salieron al encuentro del ministro de Exteriores sirio, Walid Al Muallim, llegado a Beirut con la intención de recomponer las relaciones bilaterales entre los dos países. Le preguntaron hasta cuándo estarían retenidos sus familiares, pero les respondió con bastante cinismo: «Si han podido esperar treinta años, podrán esperar tres semanas más».

La respuesta implica que, por primera vez, un alto cargo sirio acepta públicamente la existencia de presos políticos libaneses en cárceles sirias. Pero, ironías de la historia, se produce en un momento en el que la opinión pública libanesa todavía celebra los festejos por la liberación de los últimos prisioneros libaneses en Israel. En claro contraste, el testimonio de estos familiares pasó inadvertido para la prensa. A los libaneses les cuesta admitir que el cautiverio de los libaneses atrapados en cárceles sirias supera en tiempo al padecido por Samir Kuntar en las mazmorras de Israel.

Distintas confesiones

No hay ningún denominador común que explique las detenciones por parte de los servicios secretos sirios. Entre los familiares no solo se encuentran distintas confesiones, sino también, aunque son minoría, diferentes nacionalidades. Mahmud Ibrahim es egipcio y lleva 32 años intentando sacar sin éxito a su hermano de las cárceles sirias, por el que ha llegado a pagar hasta 2.000 dólares a cambio de vagas promesas de liberación.

Entre los familiares también se encuentra Imana al-Jasari. Tiene 79 años, es palestina y vive en el campo de refugiados de Sabra. Nacida en Yaffa, actualmente parte de Israel, fue expulsada de los territorios palestinos en 1948. Perdió a varios hijos en el camino y a su marido 25 años más tarde, en la guerra civil libanesa. A Ahmed Sharqawi, el único hijo varón que le quedaba, «se lo llevaron maniatado una madrugada unos hombres que decían ser de la milicia chiita Amal», afirma. En 1976 fue trasladado a una prisión siria. Imana ha removido cielo y tierra y ha visitado todas las prisiones sirias, incluidos varios centros de detención secretos sin resultado alguno. Está convencida de que su hijo sigue con vida y, a sus 78 años, «tres semanas más» cuentan.

Ghazi Aad, director de la asociación, lleva luchando desde principios de los noventa por la liberación. Según afirma, esta lucha es independiente de etnias o confesiones, ya que «los sirios han arrestado a miembros de todos los grupos que se les han opuesto sucesivamente; palestinos en el 79, cristianos en el 81 y musulmanes en el 82-86». Gracias a la liberación de varios presos en 1998 y en el 2002, han logrado obtener información sobre otros detenidos.

Listado de 620 presos

La asociación, con ayuda de familiares, ha establecido una lista oficial de 620 presos. No obstante, muchos otros familiares, y especialmente aquellos que viven en las zonas fronterizas con Siria, se han negado a participar en ella por temor a represalias. Ghazi describe con amargura toda serie de torturas a las que han sido sometidos y cómo, una vez liberados, el miedo a revivirlo les impide hablar en público.

Hace unos días se reunió con el presidente Suleiman. A su salida, entre el cansancio y la esperanza, contó que «el presidente se ha comprometido a incluir el caso en cualquier negociación con Bashar el Assad y a proponer en el Parlamento libanés la creación de un nuevo comité siriolibanés. Nada más.

Publicado en: http://www.lavozdegalicia.es/mundo/2008/07/27/0003_7016442.htm

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Filed under Politics, Spanish

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