¿Qué se juegan Oriente Medio e Israel?

(Este es un artículo antiguo)

¿Qué se juega Oriente Medio e Israel?

Natalia Sancha (Beirut)

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¿Alcón o paloma? ¿Diplomacia o confrontación?. Estas son las dos opciones que representan ante los espectadores de Oriente Medio los candidatos a la Casa Blanca. McCain encarna la continuidad del proyecto del ‘Gran Oriente Medio’ iniciado por Bush. Mientras que Obama, representa la vía negociadora y la única alternativa a lo que se considera sería un ‘tercer mandato’ de G. Bush. Durante sus dos últimos mandatos, el apoyo incondicional a Israel y la política de interferencia en Oriente Medio ha llevado el ‘antiamericanismo’ a su máximo. En Oriente Medio, el cambio político es doble, lo que acentúa el temor a un nuevo tándem McCain/Netanyahu.
El legado en la región supone un pesado lastre para ambos candidatos. A punto de finalizar su mandato, Georges Bush deja 7 años de guerra en Afganistán, 5 años de guerra en Irak, un moribundo acuerdo de Anápolis entre palestinos e israelíes, cuatro millones y medio de refugiados iraquíes, un Líbano que se repone del vértigo de una nueva guerra civil y las negociaciones entre Siria e Israel paralizadas. Ante tal panorama, y sin proponer una política global y coherente para la región que reemplace a la de Bush, ambos candidatos se han centrado en el debate de temas puntuales.
Los titubeos de Obama contrastan con la firme posición de McCain. No obstante, ambos adoptan una postura continuista de la política exterior americana; apoyo a Israel, apoyo a los países amigos árabes y guerra contra al-Qaida. Mientras que el aprovisionamiento de crudo ha quedado de lado en el debate, es previsible que hasta que se comercialicen nuevas formas de energía, Oriente Medio siga siendo territorio disputado. Si bien ambos difieren, no es en los objetivos sino en los medios. McCain opta por la vía beligerante mientras que Obama lo hace por la diplomática.
Iraq ha ocupado un punto central en la campaña presidencial. Ferviente partidario de la guerra en Irak, McCain esta dispuesto a ganar la partida aunque ello lleve “100 años”. Finalmente, ha acabado por unirse a la idea de una retirada de tropas, pero en un período de 4 años. Obama, opuesto a la guerra desde el principio se enfrasca en la idea de una retirada de tropas en un período de 16 meses. En cuanto a los iraquíes, las opiniones están divididas entre aquellos que han disfrutado de la protección de los americanos y aquellos que los han combatido. En plenas negociaciones sobre un estatuto legal sobre las tropas, la posición del gobierno iraquí se acerca a la de Obama; una retirada de tropas mas pronto que tarde. No obstante, la guerra global contra el terrorismo es objetivo común de ambos candidatos. Para el candidato demócrata, se trata de retirar efectivos de Iraq para desplazarlos a Afganistán y Pakistán, dónde ‘realmente’ se esconde al-Qaida. No obstante, dada la coyuntura de crisis mundial y tensiones con Rusia, ambos tendrán que revisar a la baja sus ambiciones militares en la guerra contra el terrorismo.
El vecino Irán, ha sido otro de los puntos controvertidos de la campaña. Firmemente opuesto a las ‘ambiciones nucleares’ de Irán, McCain promete endurecer el embargo económico y mantiene la puerta abierta a un posible ataque militar. Por su parte, Obama ha hecho estragos con sus declaraciones sobre un posible encuentro con dirigentes iraníes si logra la presidencia. Optando por tantear la vía diplomática antes de golpear, Obama gana aquí sin duda el voto de los persas y de sus vecinos que no quieren ver una guerra a las puertas de su casa.
Siria también es punto de discordia entre ambos candidatos. Mientras que el republicano se muestra reticente a negociar con el régimen sirio, Obama promueve la vía diplomática. El reciente ataque de tropas americanas desde territorio iraquí contra un pueblo sirio cercano a la frontera ha agudizado las tensiones entre Siria y Estados Unidos. Igualmente, el proceso de negociaciones indirectas de paz, emprendido entre Siria e Israel bajo la mediación de Turquía, están totalmente paralizadas a la espera de conocer quién liderará la kenesset (parlamento israelí).
Israel continuará siendo uno de los pilares de la política estadounidense en Oriente Medio y ambos candidatos han prometido incrementar las ayudas económicas a un total de 30.000 millones de dólares para la próxima década. Sí los israelíes votaran, lo harían en rojo. Las declaraciones de Obama, solidario con “el sufrimiento de los palestinos” sumado a los rumores sobre sus orígenes musulmanes ha despertado ciertos recelos. Mientras que Obama ha hecho numerosos esfuerzos para afirmar su alianza con Israel, especialmente de cara al poderoso lobby israelí (AIPAC), McCain no ha necesitado justificar su postura de ‘apoyo incondicional’. En cuanto a los Territorios Palestinos, cabe esperar que Obama que ha profesado mayor simpatía ante las demandas palestinas como la condena de los colonos israelíes o la urgencia de la creación de un estado palestino, se comprometa a acelerar las negociaciones en curso.
Por último no se esperan cambios en la política hacia aliados tales como Jordania, Egipto e incluso Arabia Saudí. Igualmente en Líbano ambos dirigentes apoyan la coalición de Hariri, con la diferencia de que mientras McCain se opone a cualquier dialogo con los ‘terroristas’ de Hizbulá, Obama una vez más apoya la negociación.
A la expectativa queda también una minoría de fervientes partidarios de McCain. Por un lado conservadores como ciertos halcones del likud, o incluso de la coalición libanesa del 14 marzo y por otro toda una rastra de fundamentalistas islamistas que se alimentan de una dinámica de guerra, para los que McCain y su actitud beligerante representa el mejor aliado.
Así pues McCain ofrece cierta continuidad en la política de Bush en la región, optando por un endurecimiento de la política contra Irán y Siria en general y grupos como Hizbulá, Hamas y los grupúsculos terroristas de al-Qaida en particular. Por su parte, Obama ofrece, al menos en lo retórico, un escenario de ruptura ofreciendo la alternativa del diálogo y negociación como primer paso. Obama Hussein, cuyo nombre (árabe e islámico) y color de piel le convierten en un de facto simpatizante de las minorías, arrasaría en el voto de Oriente Medio. Eso si, lo haría por representar un cambio a la política republicana y sobretodo al legado de Bush, por ser la opción ‘menos mala’ para un Oriente Medio que permanece escéptico ante la política exterior americana, cualquiera que sea el candidato.

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