Adiós al ayuno pero sin quitarse el cinturón…

(Este es un artículo antiguo)
Adiós al ayuno pero sin quitarse el cinturón…

Beirut, Natalia Sancha 031008

Del 30 de septiembre al 2 de octubre se ha celebrado el Eid, fiesta que cierra el mes de Ramadán, noveno en el calendario lunar. Mes sagrado en el que el Corán fue revelado a Mahoma, los cerca de  2 billones de musulmanes son llamados a una especial observancia religiosa. El ayuno, uno de los cinco pilares del Islam, se prolonga desde el amanecer hasta la caída del sol, cuando las familias se reúnen en torno a la mesa para celebrar el Iftar. La aparición lunar marcará el ‘Eid Al-Fitr’, último día de Ramadán. En tiempos de tensión, los astrólogos se resignan a la dictadura política que decidirá un día de Eid diferente para musulmanes sunnies y shías, como si la luna supiera de confesiones. Los primeros el 30 de septiembre y los segundos el 1 y 2 de octubre.  En Líbano, la paridad demográfica entre shías y sunníes impone un doble Eid.
La empatía con aquellos que no tiene qué llevarse a la boca es la filosofía que se esconde tras la practica del ayuno. El respeto de las practicas religiosas como el rezo, la abstinencia sexual y de consumo de alcohol o el ‘zakat’ (limosna obligatoria del 2,5% del salario anual) proponen un marco de reflexión y paz interna para los musulmanes. Si bien este ejercicio de reflexión  es la esencia de Ramadán, los comercios, las televisiones y los propios ciudadanos han desarrollado una visión mas comercial de este Ramadán Karim (feliz Ramadán).
Eid al Fitr no sólo pone fin al ayuno diario, sino que a toda una parafernalia de decoraciones callejeras, de telenovelas exclusivas para el mes de Ramadán y de ofertas de Mac Donals y Kentacky Fried Chicken que hacen de este mes un Ramadán globalizado. Como si de un San Valentín se tratara, los comercios ofertan dulces y regalos a precios disparatados para esta ocasión. En este mes, los programas televisivos han aprovechado el agotamiento de los musulmanes y las largas sobremesas de Iftar para atraparlos en sus sillones frente a un interminable bombardeo de series y telenovelas. ‘Abd-El Nasser’; líder egipcio nacionalista, ‘Asmahan’; joven cantante siria que murió a sus veinte y pocos o ‘Bab Al Jara’; que relata las vicisitudes damasquinas a principios del siglo XX  bajo la ocupación francesa, han ocupado sobremesas y cotilleos matinales. En el lado de las pérdidas se encuentran los clubs nocturnos y licorerías donde prostitutas y mercenarios deberán tomarse un mes de vacaciones obligadas.

Adiós también a la inusual actividad de asociaciones y mezquitas que han distribuido alimentos, juguetes y Coranes entre los mas desfavorecidos. La mezquita Othman Bin Affan, cerca del cristiano barrio de Ashrafye en Beirut, ha distribuido una media de 1500 almuerzos diarios durante el pasado mes. Entre los afortunados se encuentran vecinos del barrio, la periferia beirutí y unos clientes muy especiales; los presos musulmanes de la prisión Roumieh, a las afueras de Beirut. Mahmoud Zaatari, Chef en las reconocidas cocinas del hotel Sheraton, se convierte este mes en cocinero devoto en las cocinas de la mezquita para componer un exquisito menú capaz de convertir a mas de un preso cristiano con el fin de degustar este especial Iftar.
En el Cairo, Argel o Doha, el ‘Adán’ o llamada del Imam, alrededor de las siete de la tarde, convierte las calles en un ir y venir de coches a toda velocidad conducidos por hambrientos e irritados devotos faltos de nicotina y cafeína. Escasos minutos de caos que dan paso al mas absoluto desierto. Le siguen unos 45 minutos de concierto al son de cubiertos contra platos que finaliza con la vuelta progresiva y perezosa a la calle de sus gentes que disfrutarán con los vientres llenos de un largo paseo junto al Nilo, el puerto o la Corniche. Paisaje de ensueño para los Sheijs y envidia para los religiosos de ciudades como Beirut o Damasco, donde la mezcla de religiones y la progresiva laicidad han convertido el Ramadán en una fiesta mas tradicional que religiosa.
Con los bares y restaurantes repletos y sin ninguna ley que imponga el ayuno obligatorio ni el reproche social, los beirutíes y damasquinos hacen del Eid lo que los españoles de las navidades: aprovechar para volver al hogar, festejar con los amigos el reencuentro y gastarse las economías de los últimos meses en restaurantes y regalos.  Ahora toca apretarse le cinturón.
Feliz fin de Ramadán.

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