Fabricando paz en un país sin treguas

Fabricando paz en un país sin treguas

Natalia Sancha– Sur del Líbano-

EL teniente Monleon observa un area del sur del Libano
El cuartel general Miguel de Cervantes se alza sobre una colina cerca de la ciudad de Marjayiun. Centenares de españoles duermen, comen y descansan entre patrulla y patrulla. En uniforme militar y con las banderas españolas cosidas en el lateral de las chaquetas, los soldados pasean por la base. Se oye dese andaluz a madrileño. Hasta algún que otro toro de Osborne cuelga de las casetas que sirven de cuartos. Hombres y mujeres corren alrededor de la base. Otros prefieren el gimnasio. Y los que ya han cumplido con su labor aprovechan para tomarse una Cruzcampo en la cafetería o echar una partida de futbolín.
Insólita escena en medio de un paisaje verde y pedregoso en el que apenas hace un mes cayeron una veintena de misiles israelíes. Tras varios disparos de misiles desde territorio libanés, el Coronel Ropero asegura que la FINUL “vivió intensos minutos de mediación para evitar una retaliación israelí al lugar del lanzamiento. Hubiera sido una catástrofe ya que las lanzaderas de cohetes estaban cerca del colegio y los niños estaban en clase”.
Desde 1975 que comenzara la guerra civil libanesa, el sur del Líbano de mayoría chiíta, ha sido la región más castigada del país. Sucesivamente ocupado por palestinos, israelíes y finalmente por sirios, este pedazo de tierra del tamaño de Asturias pero tres veces más poblada, no ha conocido descanso. Unos 1100 soldados españoles desembarcaron al terminar la guerra de 2006. Desde entones, son relevados cada cuatro meses. En abril, una nueva brigada con 500 gallegos a bordo tomará el relevo.
Mediación y disuasión. Esta es la principal aportación de los soldados españoles a la estabilidad del sur del Líbano. La patrulla española apostada en el cruce fronterizo de Fátima ilustra perfectamente la situación. A su izquierda y detrás del alambrado, un puesto de observación israelí. A su derecha un puesto de observación de las Fuerzas Libanesas Armadas (LAF). Y en medio, el pelotón español.

Un pelotón espa–ñol realiza un ejercicio de vigilancia en la linea azul, cerca de la puerta de Fátima, frontera con Israel. Sur del L’ibano. 2009
Otras patrullas como la del Alférez Esteban, alternan entre vigilancia y patrullaje. Los niños corren al paso del acorazado, obligando al Alférez a desacelerar para evitar accidentes. Agricultores, jóvenes de paseo o ancianas fumando pasiblemente les sonríen al pasar. “Hola amigo”, espeta un abuelo que lleva un cordero en brazos. La habilidad lingüística de los locales contrasta con las dificultados de los españoles con el árabe.
En el camino, el Alférez Esteban ordena una parada. Al bajarse del BMR, varios jornaleros El Alferez Esteban recibe las demandas de una familia siria con un hijo discapacitado mientras el resto del pel—t—ón conversa con jornaleros sirios fuera de la tienda. FINUL, Libano 2009sirios salen a su encuentro. Saben que detrás del casco azul de la FINUL puede estar la ayuda que necesitan. Esteban sigue a uno de los hombres hasta una tienda de campaña que hace las veces de casa. Allí, sobre unas viejas alfombras, está su hijo de once años auque aparenta cuatro. “Es deficiente. Lleva varios días enfermo y hace mucho ruido al respirar. Necesitamos un médico o medicamentos”. Le pide al Alférez sin esperar que el traductor haga su trabajo.
De regreso al acorazado, el pelotón hará varias paradas en otros pueblos. Cada soldado toma su posición y avanzan mientras los responsables del pueblo se acercan a pedir aquello que sus gentes necesiten.
Hay una minoría que no ve con buenos ojos la presencia de extranjeros y hay quien incluso se muestra susceptible ante la selección geográfica de los proyectos de la FINUL. En un territorio en el que con un 80% de chiítas es feudo de Hezbolá y Amal, los drusos y cristianos se sienten rodeados. Pero en sus conversaciones, la gran mayoría de los sureños libaneses agradecen la presencia de los españoles. No sólo por las asistencias médicas, o las apreciadas visitas del veterinario, o el asfaltado de sus carreteras, pero también porque el “spanish” es un buen cliente que ha hecho prosperar a más de un comerciante libanés.
Tras el asesinato de 6 soldados españ–oles de la FINUL en junio de 2007, los soldados espa–ñoles están en alerta amarilla y tienen restringidas las paradas en los pueblos. Numerosos tiendas libanesas que abrieron en los pueblos vecinos al cuartel general han tenido que cerrar por falta de clientes espa–ñoles. Una de ellas la tienda 'El Corte InglŽés'Alí ha abierto su particular ‘El Corte Inglés’. Hace poco tuvo que cerrar la tienda. “Desde el atentado de 2007, ya no vienen a comprar. Solían comprar de todo. Pero ya no vienen”. Comenta al tiempo que me enseña una foto suya con una guapa soldado española. Desde Junio de 2007, las tropas españolas están en alerta amarilla. Lo que les impide pararse fuera del cuartel para actividades otras que su trabajo, aunque a veces logren hacerlo.
El atentado no sólo ha privado a muchos comerciantes de su negocio sino a muchos libaneses y españoles de intercambiar algo más que saludos. A pesar de ello, el trabajo en el terreno logra construir un mejor conocimiento mutuo. Para el teniente Coronel Monleón, “El trabajo del Ejército español aquí es el mismo que en España: fabricar paz”. Y gran parte del trabajo de los soldados no viene de sus obligaciones laborales sino de su voluntad como individuales. Desde el Alférez que presta oídos a los jornaleros sirios, al veterinario que sin ser su obligación decide salir día sí día no a prestar sus servicios.

PUBLICADO en LA VOZ DE GALICIA: http://www.lavozdegalicia.es/mundo/2009/02/15/0003_7530862.htm y http://www.lavozdegalicia.es/mundo/2009/02/15/0003_7530863.htm

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Filed under Military, Social, Spanish

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