Monthly Archives: June 2009

Lebanese Elections: Líbano sorprende con un resultado que mantiene el statu quo anterior (La Voz de Galicia)

Líbano sorprende con un resultado que mantiene el statu quo anterior

Natalia Sancha- Beirut  080609

Insólita Beirut en la noche electoral en la que tan sólo unos pocos coches se aventuraban a cruzar el interminable camino de controles militares y tanques apostados en cada esquina. Los miles de pósters y retratos de candidatos que empapelan la ciudad pasaban sus últimos minutos en solitario. Poco antes de media noche, con el goteo del recuento de votos que apuntaba ya a una amplia mayoría del bloque del 14 de Marzo de Hariri, centenares de seguidores salieron a la calle a festejar la inminente victoria. Embutidos en banderas libanesas y del bloque de Hariri, la multitud se desató en un festejo de cánticos, gritos y vaivenes de coches esquivando los tanques apostados en Ashrafye, barrio donde ambas coaliciones se disputaban el voto cristiano en Beirut. Hasta bien entrada la madrugada , los jóvenes prosiguieron con un interminable tronar de cohetes y fuegos artificiales.

El día electoral transcurrió y terminó contrariamente a todo lo esperado. A pesar de pequeños altercados en los puntos de voto, no hubo mayores enfrentamientos y ello gracias a la omnipresencia de cerca de 50.000 soldados libaneses desplegados por todo el país. A pocos minutos de publicar los resultados oficiales, la coalición liderada por Hariri y hoy mayoría parlamentaria ha conseguido 71 escaños de los 128 , uno menos que en 2005, y la oposición liderada por el general Aun y Hezbolá obtiene 57 escaños, tres mas que los que sumaban en los últimos comicios. Ante la sorpresa de libaneses y extranjeros, la paridad parlamentaria del anterior gobierno se mantiene prácticamente intacta. Los temores despertados por los sondeos que vaticinaban una estrecha victoria para la coalición de Hezbolá se disipaban al conocer los resultados. “A pesar de que en nuestro partido nos hemos encontrado con representantes de Hezbolá, desde el P.P. tenemos nuestras reservas hacia un grupo que pueda liderar el país y al tiempo mantener sus armas”, comentaba Francesc Ricoma, observador español y diputado del E.P.P por Tarragona en uno de los colegios de voto. Una derrota de Hezbolá, quien no por ello dejará de ser parte inalienable de la vida política libanesa, y un revés para el régimen iraní que se juega sus propios comicios en tres días.

Las declaraciones de los lideres políticos no han esperado a la publicación de los resultados oficiales. “Os felicito, felicito a la libertad y a la democracia”, lanzaba un victorioso Hariri a sus seguidores. Por su parte, el general Aun se ha apresurado a felicitar a los ganadores y ha hecho un llamamiento para un gobierno de unidad. Hezbolá, si bien ha reconocido su derrota ha dado el primer paso advirtiendo de los riesgos de cualquier intento por desarmar a la milicia-partido.

La asistencia ha sido alta, con el 54% de los 3.2 millones de libaneses llamados a votar. A pie de urna la tensión provocada por el calor y las largas horas de espera en colas interminables debido a la falta de organización, desembocó en pequeños altercados. “Hemos observado intentos de compra de votos, documentos falsos e intimidaciones a los votantes por parte de los delegados de partidos, pero esto es algo común y habitual en las elecciones en Líbano”, nos comenta la directora de LADE, la primera organización civil libanesa que participa en la observación electoral. En el país de las diferencias sociales y cuyo 28% de la población, según el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) vive por debajo del umbral de la pobreza, la compra y venta de votos por ambas coaliciones ha sido practica habitual durante toda la campana electoral sin que por ello ningún partido haya cuestionado los resultados. Abderahman Bizri, alcalde de la sureña ciudad de Saida, quita importancia a esta practica que considera casi cultural: “ Los libaneses fuimos y somos comerciantes, compradores. Depende lo que se considere compra…si una beca para estudiar en Estados Unidos o un trabajo en Arabia Saudí o medicamentos gratuitos son comprar votos, entonces si que podemos decir que ha habido compra de votos”. En Beirut I, donde la competición entre confesiones es decisiva, un joven sostiene un móvil en una mano y un lápiz en la otra. “¿Por quien tengo que votar? ¿Quién? ” grita mientras garabatea un nombre en su papeleta. La cultura del voto en Líbano, sea cual sea la coalición reposa en una larga historia tribal de votos familiares hacia un mismo candidato que será determinado por el padre de familia. Con el objetivo de evitar todo altercado violento, los libaneses fueron a votar temprano, saturando los centros de voto. En barrios como Dahie, al sur de Beirut y mayoritariamente pro-Hezbolá el ambiente era de festejo. “Yo voto por el cambio, y el cambio es Hezbolá”, gritaba Zeinab Akroun mostrando el pulgar teñido de violeta, marca para aquellos que ya han votado. Tras los resultados, el bullicio de Dahie se disipó y todos en el país esperan ansiosos al discurso de Hassan Nasrallah, líder de Hezbolá.

La coalición del 14 de Marzo se ha impuesto en estas elecciones con un 14 puntos de diferencia, y con ella una visión político-social pro-occidental y pro-Saudí frente a la alternativa sirio-iraní. “Nosotros no votamos por Hariri o Hezbolá, votamos por Ahmadineyah u Obama” resume Fredy Rasma, un joven de Beirut. En estos términos la victoria no sólo es para los seguidores del 14 de Marzo, sino para sus aliados internacionales.

Tras la resaca electoral, y a pesar del consenso en torno a la figura actual presidente Michel Suleiman , el Líbano se enfrenta al mayor desafío de estas elecciones: formar un gobierno de unidad. Un trabajo arduo que deberá aunar ambas coaliciones para que el país salga de la polarización política que reina desde el asesinato del antiguo primer ministro Rafic Hariri en febrero de 2005. Los principales escollos siguen siendo los mismos, la parálisis institucional por falta de cooperación, las armas de Hezbolá, las relaciones y fronteras con los vecinos Siria e Israel, un plan nacional de defensa y la urgente necesidad de normalización política indispensable para la mejora económica. Con Hezbolá una vez más en la oposición, la pelota está de nuevo en el campo de Hariri.

 

Parcialmente publicado en La Voz de Galicia

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Lebanese Elections: El doble voto libanés (La Voz de Galicia)

El doble voto  libanés
Natalia Sancha-BeirutHariri miting en Saida 040609
Hoy acuden los libaneses a votar en las elecciones parlamentarias. Como en todo día importante en este país, todo tipo de rumores circulan por las calles, desde un inminente ataque israelí a una guerra entre facciones.
Osama Saad en Saida-1 Estos son los primeros comicios libaneses que se celebran tras el asesinato en febrero de 2005 del ex-primer ministro Rafic Hariri. Evento que forzó la retirada de las tropas sirias tras 29 años de ocupación y dejó el panorama político dividido en dos campos. Por un lado el bloque hoy mayoritario en el Parlamento del 14 de marzo liderado por Hariri hijo y apoyado por Arabia Saudí y Estados Unidos. Y por otro, la oposición bajo la coalición del 8 de marzo liderada por el tándem  Hezbolá y el exgeneral maronita Aun apoyados por Irán y Siria.
Siguiendo un complicado sistema confesional, los libaneses deberán elegir hoy los 128 diputados del Parlamento, de los cuales la mitad deben ser cristianos y la otra mitad musulmanes. Si en la mayoría de los distritos los resultados se conocen de antemano la batalla es feroz en unas cuantas ciudades. Con tan sólo dos escaños sunitas en el Parlamento, la ciudad natal de Hariri, Saida, se considerada la “madre de las batallas” en la que política local se confunde con la regional. Un escaño irá a la imbatible Bahia Hariri, hermana de Rafic Hariri. El segundo se decidirá entre el candidato del partido Mustaqbal de Hariri y actual primer ministro, Fuad Siniora, contra el popular Osama Saad.
“Siniora no ha hecho nada por Saida, ni siquiera tiene una casa aquí”, protesta una anciana. A pesar de que a nivel local priman los candidatos de familias notables y autóctonas, Siniora tiene muchas posibilidades de ganar porque es el candidato no sólo del Mustaqbal pero también de Arabia Saudí. “Los Saudíes se están dando cuenta de que Hariri puede perder la mayoría en el país y por eso quieren mantener al menos  el monopolio en las grandes ciudades sunitas. Lo que está llevando, gracias a los dólares saudíes, a una cultura de mendigos en la que todo está en venta”, nos explica un diputado libanés que prefiere permanecer en el anonimato.
El viernes por la noche se cerró oficialmente la campaña electoral, poniendo freno a la ‘maquina electoral’ y  cerrando el grifo de dólares iraníes y saudíes que han inundado en el último mes a un país de tres millones de habitantes. “Tengo dos familiares enfermos. Primero la oposición me ofreció material médico, pero luego la mayoría (por Hariri) me ofrecieron hacerse cargo de las facturas médicas y 3000 dólares más”. Así explica Omar Fakri cómo su voto y el de sus 65 familiares irán al mejor postor.
Para los seguidores de Hariri, la campaña se juega sobre el miedo de que Líbano se convierta en un régimen teocrático iraní. “Irán es un Estado y Hezbolá es un partido dentro de un Estado. Son escenarios muy diferentes”, defiende Rima Fakri, miembro del comité político de Hezbolá. No obstante de ganar las elecciones, muchos parecen olvidar que Hezbolá no gobernará en solitario sino en coalición con otros cristianos y sunitas.
Hoy los libaneses decidirán quién gobernará el país. No obstante, de no desembocar en enfrentamientos armados, a nivel nacional la victoria de uno u otro no lleva  a pensar que haya grandes cambios en la política interna. Los sondeos dan una ligera victoria a la coalición de Hezbolá, pero la victoria se decidirá en pocos escaños por lo que esta noche promete mantener en velo a millones de libaneses. Lo que no queda claro en es ¿Por quién votan los libaneses, por Hariri, Hezbolá y Aoun o por Irán o Estados Unidos y Arabia Saudí?

Publicado en La Voz de Galicia: http://www.lavozdegalicia.es/mundo/2009/06/07/0003_7769564.htm

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Lebanese Elections: Miedo a Hezbolá

Miedo a Hezbolá

Beirut-070609

hezbola poster en baalbek¿Y si gana en Líbano la coalición liderada por un partido islamista que no es mas ni menos que la milicia mas poderosa y organizada de la región? La mera idea ha hecho saltar la alarma entre especialistas, locales y potencias occidentales.

Las hipótesis sobre las posibles repercusiones de un gobierno liderado por Hezbolá a nivel local y regional se disparan. Para Paul Salem, director del centro de estudios Carnegie Endowment, Hezbolá no tiene interés en gobernar realmente el país. Ejercer el poder político implicaría que el movimiento tuviera que rendir cuentas por el buen o mal gobierno de un país que arrastra un cúmulo de deficiencias económicas, políticas y sociales cuya mala gestión bien podría dilapidar el capital social acumulado en los últimos años de resistencia armada y oposición política. Igualmente, Israel confundiría gobierno libanés con Hezbolá, justificación suficiente para emprender una nueva guerra sin esta vez tener misericordia alguna con las regiones fuera de la jurisdicción del Partido de Dios. Considerado como grupo terrorista por la administración nortemaricana y frente a una Europa cuyo temor a los movimientos islamistas se exacerbó desde el triunfo de Hamas en la franja de Gaza, las relaciones internacionales del Líbano también sufrirían un aislamiento. Para Irán, en el punto de mira de tanto Israel como Estados Unidos, la inversión económica que supone Hezbolá darían su fruto como mecanismo externo de influencia en una región mayoritariamente sunita y opuesta al gigante Persa.

En cuanto a los movimientos islamistas en la región, Hezbolá marcaría un claro ejemplo de una milicia armada que con el fruto de la resistencia frente a Israel y el trabajo de redistribuidor social ha logrado llegar al gobierno por medio de las urnas y sin renunciar a las armas. Hay quienes ven también la parte positiva en las relaciones regionales, como el sociólogo libanés Talal Atreese , quien vaticina que las tirantes relaciones con la vecina Siria mejorarían e incluso la cuestión de las armas de Hezbolá, que han paralizado cualquier intento de esbozar una estrategia de defensa nacional, pasaría un segundo plano.

A nivel interno si bien Hariri ha repetido hasta la saciedad que no formará gobierno si Hezbolá gana, es de esperar que los neutrales y parte del bando Hariri reflexionen de nuevo sobre participar en un gobierno de coalición. Al fin y al cabo cada líder mira por los intereses de la minoría confesional que representa y la mejor postura es estar con el vencedor. El mayor peligro para el día después de las elecciones será la disposición de ambas coaliciones para trabajar juntos o al menos en coordinación para salir de la parálisis institucional que vive el país desde el asesinato de Rafic Hariri en 2005, y evitar que se repita el vacío presidencial que duró cerca de año y medio. También faltan por ver los resultados de los comicios iraníes que se libraran el próximo 12 de junio y cuyos resultados influirán sobre la postura de la administración Obama en la región e indirectamente hacia Hezbolá y Siria.

El Líbano, la antaño Suiza de Oriente Medio, despierta pasiones tanto en un lado como otro del Mediterráneo. Si bien no es considerado totalmente árabe-musulmán, ni totalmente europea-cristiana, ninguno de los lideres que han gobernado hasta ahora han logrado apartar al país de la codicia de países ajenos. Los seguidores de Hezbolá y su aliado Aun piden que se especule menos sobre lo que pasaría o dejaría de pasar de ganar Hezbolá y que dejen como harían en cualquier democracia occidental al partido ganador probar su suerte hasta el próximo mandato.

No obstante al igual que con el resto de partidos islamistas en la región, como fuera el Frente Islámico de Salvación en Argelia, el Partido Justicia y Desarrollo en Marruecos, los Hermanos Musulmanes en Egipto o Hamas en Gaza, desde Europa y Norteamérica se teme que una vez en el poder, aunque sea a través de las urnas y democráticamente, estos movimientos traicionen los principios democráticos. Entre tanto ninguno de estos partidos ha logrado una mayoría parlamentaria, sin que podamos comprobar sus objetivos reales. Mientras tanto, condenados a una vida de oposición, siguen disfrutando del apoyo social sin tener que rendir cuentas y el temor occidental sin haber gobernado.

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Lebanese Elections: los canditados de oposición

Dos candidatos libran la batalla de David contra Goliat al enfrentarse a los líderes de su propia confesión en alianza con el bando contrario.

Omar Karami: Antiguo primer ministro, aspira a uno de los 5 escaños sunitas de Trípoli (norte). Aliado de Hezbolá y Aoun se enfrenta a los magnates locales y a Hariri en una de las ciudades bastión de sunitas y salafistas.
Ahmad al-Asaad: Candidato para uno de los 2 escaños chiítas de Marjeyoun, es le único chiíta que libra una batalla a Hezbolá en su feudo del sur. Hijo de un antiguo portavoz del Parlamento y enemigo de Siria, a penas representa el 2% de los votos chiítas pero se erige como un interesante aliado para Hariri y Arabia Saudí.

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ESPEJISMOS LIBANESES (Foreign Policy)

ESPEJISMOS LIBANESES

Las elecciones pondrán de nuevo a prueba a Líbano como nación, sobre todo si gana Hezbolá. En un Estado basado en un sistema político confesional -donde se dan complejas alianzas y a veces no todo es lo que parece- habrá que ver si están a la altura de las circunstancias los ganadores y los perdedores de estos comicios. De igual modo, la comunidad internacional deberá respetar los resultados, aunque no sean de su agrado, para evitar la desestabilización del país.

RAMZI HAIDAR/AFP/GettyImages

En busca del voto: Publicidad electoral con el líder de Hezbolá, Hasan Nasralá, y el presidente del parlamento libanés, Nabih Berri, ambos chíes, en el sur de Líbano.

Debido a un sistema confesional que impone una cuota fija de diputados de las tres principales sectas en el Parlamento (suníes, chiíes y cristianos), la competición política se ha convertido en Líbano en una carrera geográfica de alianzas, en ocasiones inverosímiles.

Si en apariencia la batalla electoral se divide en dos grandes bloques entre la coalición del 14 de marzo de Hariri y la del 8 de marzo de Hezbolá y el ex general cristiano Michel Aoun, la idea de una clara línea que separa a suníes y chiíes, dejando a los cristianos como la única confesión dividida, no es más que una ilusión. Aunque, en efecto, en los distritos multiconfesionales de Trípoli, Saida, Zahle o Beirut es donde se juegan la victoria los dos bloques y donde pueden arañar los escasos escaños extras que les otorgue la mayoría en el Parlamento, que a su vez elegirá al Gabinete que sustituya al actual Gobierno.

Puesto que la victoria de uno u otro campo se juega en un margen de pocos escaños, todo queda en manos de los independientes y candidatos locales que, incluso siendo de una misma confesión, quedan divididos entre uno y otro bando. Entre los líderes políticos de los grandes partidos no hay nada nuevo. Son todos viejos conocidos desde hace más de treinta años y la mayoría han heredado su prestigio político de sus padres asesinados durante la guerra civil. Saad Hariri representa un nuevo tipo de hijos de, como les llaman los jóvenes libaneses, quien a sus 39 años la orfandad le ha propulsado a la dirección del partido El Mustaqbal (El Futuro). De hecho, Hasan Nasralá es uno de los pocos que ha forjado su carisma político gracias a su habilidad oratoria, que le ha convertido en líder indiscutible entre la opinión publica árabe, y a la construcción de un sólido discurso de resistencia contra el “enemigo sionista”.

En la oposición suní acusan a Hariri de haber abandonado las grandes ciudades suníes costeras como Trípoli e incluso Saida para centrarse en Beirut. Todos quieren ser la capital libanesa, donde el dinero se invierte y el Estado está presente, aunque sea mínimamente.  En el sur y este chií del país, donde el Estado está casi ausente, las críticas van dirigidas a Hezbolá. Si bien todos reconocen el trabajo social de este movimiento, muchos se quejan del nepotismo y clientelismo del partido, así como del costo para la población al estar constantemente expuestos a las represalias israelíes.

En cuanto a los programas políticos, todo queda en promesas. Construcciones de hospitales, renovación de carreteras y millones de dólares saudíes o iraníes fluyen durante la campaña electoral para de una forma u otra comprar el voto del ciudadano. Pero la indecisión es un lujo que muchos no pueden permitirse en Líbano. Están las personas que votan ideológicamente por su partido o confesión, quienes lo hacen en blanco como protesta, los que no acuden a las urnas por indiferencia o decepción, los que van por conveniencia y, finalmente, aquellos que no pueden permitirse más que vender su voto al mejor postor.

A pesar de que el número de diputados de cada confesión es inamovible, por lo tanto no esconde sorpresas, y que la estructura del gobierno es igualmente fija con un presidente cristiano, un primer ministro suní y un presidente del Parlamento chií, estos comicios son cruciales por varias razones. En primer lugar, porque se trata de las segundas elecciones que se celebran libremente en el país tras la guerra civil y libre de ocupación, ya sea siria o israelí. Segundo, porque por primera vez Hezbolá, aun hoy en día en las listas estadounidenses de organizaciones terroristas, puede lograr la mayoría necesaria para gobernar el país. A la reticencia occidental e israelí de tener que lidiar con una mayoría islamista en el gobierno libanés se suma el éxito político de los movimientos de este tipo en la región. La trinidad islamista que representan Hamás en Gaza, Hezbolá en Líbano y el creciente avance político de los Hermanos Musulmanes en Egipto promete mas de un quebradero de cabeza a la Administración Obama, a la UE y a los regímenes autoritarios de la región.

Por último queda la batalla ideológica. Muchos son los que temen que la victoria de Hezbolá transforme el país en un apéndice de Irán. No obstante, el Partido de Dios no es más que una entre las 18 confesiones que cohabitan en Líbano, por lo que la instauración de un régimen islámico en el país de los cedros es una utopía que ni los propios ideólogos de Hezbolá sueñan con materializar. Para aquellos que ven en El Mustaqbal de Hariri la bandera de los valores occidentales y las mini faldas, son presos de otro espejismo. Hariri tiene una alianza con Europa y Estados Unidos, pero también con la potencia wahabí y más conservadora de la región: Arabia Saudí. En  Beirut, empresarios saudíes se están haciendo con la propiedad de supermercados y cafés  en los que prohíben la venta de alcohol.  Si bien ambas coaliciones disienten en una visión económica y social, sí que coinciden en cierto conservadurismo religioso.

De ganar la coalición de Hariri las elecciones, poco cambia la situación desde el punto de vista interno o regional. No obstante, entre tanta secta y confusión de alianzas políticas, de ganar la coalición de Hezbolá las elecciones -como vaticinan los nunca fiables sondeos electorales- el resultado pondrá a prueba a los libaneses una vez más como nación y no como un mero cúmulo de facciones sectarias. Hezbolá tendría que demostrar su capacidad como Ejecutivo político y no sólo como movimiento de resistencia y facción chií. Por su parte, Hariri se encontraría en la disyuntiva de entrar en una coalición liderada por Hezbolá o bien asumir el rol de oposición constructiva evitando desestabilizar al país. Por último, las elecciones pondrán a prueba a Europa y a la nueva Administración estadounidense a la hora de aceptar las consecuencias de unas elecciones cuasidemocráticas, aunque no les agrade el resultado.

Publicado en Foreign policy:  http://www.fp-es.org/espejismos-libaneses

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