Beirut, ciudad de perdición by Mónica G. Prieto in El Mundo

Beirut, ciudad de perdición

MÓNICA G. PRIETO desde Beirut

24 de agosto de 2009.-

Las indumentarias más variopintas se disputaban espacio, el pasado jueves, en el Fórum de Beirut para disfrutar del que, para algunos, fue el concierto del verano. Amplias camisetas de rugby se entremezclaban con ceñidos vestidos escotados, hermanados por el olor a sudor y a tabaco del asfixiante recinto y por el delirio que suscitó el rapper norteamericano Snoop Dogg, dispuesto a agitar mentes y cuerpos ya de por sí entregados. “¿Adónde hay que ir para codearse con el fisgón?”, coreaba provocador contorneando su 1.93 metros de altura por el escenario. “A Beirut, Líbano”, rugía la masa. “¿Adónde van todos los fiesteros para pasarlo bien?”. “A Beirut, Líbanooo”. Snoop Dogg durante el concierto que ofreció en Líbano.

Nadie mentía. Que tiemblen todas las capitales del Golfo. Beirut ha regresado al negocio del turismo tras años de inestabilidad política, y lo ha hecho con tal fuerza que nada puede arrebatarle la corona de rey absoluto de la fiesta. Tras cuatro años de pausa obligada por los atentados, los bombardeos de Israel, la revuelta de un grupúsculo islamista que puso en jaque al país y un amago de guerra civil, la capital libanesa vuelve a imponerse como destino predilecto de todo Oriente Próximo, especialmente de una juventud encorsetada por la tradición y la religión que necesita divertirse. Y mientras el resto de los países sólo ofrecen arguiles (pipas de agua) y sórdidos locales con versiones tecno de la música local, la subversiva Beirut promete sexo y alcohol, eventos culturales y juerga, playas de arena dorada -y agua contaminada; dice el chiste local que con lo que se encuentra en el mar se puede preparar un fattoush- y montañas aptas para los deportes más atrevidos, una apreciada gastronomía y una afición por los excesos nocturnos excepcional en el mundo árabe.

Así, no es de extrañar que el New York Times Travel clasificase el Líbano como primer destino turístico de 2009 o que la agencia France Presse califique Beirut como ‘la ciudad del pecado’. La ciudad escandaliza con sus excentricidades a los habitantes de la región probablemente más conservadora del mundo, quienes, por cierto, sueñan con veranear en la capital que nunca duerme.

Cada noche está siendo una interminable fiesta en Beirut, que agota su mejor verano en mucho tiempo y se consagra como ciudad rebelde y principal destino turístico de Oriente Próximo. Los complejos turísticos a pie de playa abren sus puertas por el día para permitir a los turistas tostarse al sol -en demasiadas ocasiones, al ritmo de un DJ- y por la noche para que beban en bañador escuchando trance. Los restaurantes hacen turnos extenuantes para hacer frente a una demanda imparable, y los bares no respetan horario alguno de cierre.

Atascos a medianoche

Comer o cenar en la ciudad se ha convertido en algo imposible salvo disponer de reserva, y en muchos locales de moda es imposible obtener plaza si no se avisa con una antelación de varias semanas. Los atascos a partir de la medianoche son tan importantes, sobre todo en el centro de la ciudad, como los del mediodía y la entrada en las principales terrazas está reservada a los VIP, que pagan 1.000 euros (y a veces, 10.000 euros) por una botella de champagne.

En términos económicos, el éxito de Beirut es confirmado por fuentes oficiales. El Ministerio de Turismo libanés espera que dos millones de turistas hayan pasado por el país antes de que acabe el verano -según un informe del Banco Byblos, en los primeros siete meses de 2009 el turismo aumentó en un 57,3% respecto a todo 2008-, el flujo de viajeros ha aumentado en un 29% respecto al año pasado, según el aeropuerto de Beirut, y en la capital no queda ni una habitación libre.

“Es la mejor estación que vivimos en los últimos 15 ó 20 años, gracias a la estabilidad de la que goza el país hasta ahora”, explica Pierre Ashkar, presidente del Sindicato de Hostelería libanés. “(En Beirut) la tasa de ocupación hotelera ha llegado al 100%, y en la región del Gran Beirut ha superado el 70% en los últimos seis meses”, prosigue Ashkar. “Lo tenemos todo reservado para las fiestas de Año Nuevo y con una larga lista de espera”, confiaba Joanne Zarife, responsable de marketing del Hotel Intercontinental Mzaar, uno de los principales resort de sky del país.

Según la compañía consultora Deloitte et Touche, Beirut se ha convertido en el país que más rendimiento saca a sus plazas hoteleras del mundo, con una media de 85 dólares por cuarto. “Las cifras se han doblado, y no me sorprende. Líbano lo tiene todo, el entorno, el clima, la naturaleza, la vida nocturna, ruinas e historia”, afirma el ministro de Turismo en funciones Elie Marouni. Pero el éxito del sector -que ha aumentado en un 50% la exigua población del país del Cedro- poco tiene que ver con el nulo esfuerzo por promocionarlo de sus autoridades, enfrascadas en la repartición de las carteras del próximo Gobierno de coalición. Paris Hilton de fiesta en Líbano.

Lujo y carencias

El aumento de los visitantes pone a prueba un país sin Gobierno y con unos servicios tercermundistas pese a su apariencia de diseño. Los cortes en el suministro eléctrico y, por consiguiente, en el abastecimiento de agua han aumentado de forma drástica a medida que los turistas se instalaban en los lujosos hoteles, dotados por si acaso de generadores y reservas hidráulicas propias. La inversión y el esfuerzo privado salvan de nuevo la cara al Estado. En cuanto a las infraestructuras destruidas por Israel en 2006, han sido rehabilitadas en su mayoría gracias a donaciones extranjeras, pero siguen siendo insuficientes para acoger a casi seis millones de personas en un país con 3,8 millones de habitantes.

Pero los turistas -parte de ellos, libaneses expatriados que intentar recuperar sus raíces y parte árabes deseosos de despojarse de la rigidez de sus países de origen- no buscan buenas carreteras, sino diversión. A diferencia del resto de Oriente Próximo, en el Líbano comprar sexo es tan fácil como acudir a Maameltein, cerca de Junieh, donde numerosos prostíbulos ofrecen los servicios de chicas locales o del Este europeo. Las drogas no son difíciles de encontrar -el valle de la Bekaa es considerado la principal reserva de hachís de la región- y el alcohol es tan común como el agua.

“En las playas privadas se celebran verdaderas orgías”, confía un turista francés con mirada de asombro. “Una vez que cae la noche, las cervezas son sustituidas por drogas y el volumen de la música se dispara. Allí se puede ver de todo”. En cuanto a las fiestas públicas, más comedidas, compiten en ‘glamour’ empleando todos los recursos, desde Paris Hilton a los DJ’s europeos de moda, pasando por las noches temáticas -hip hop, salsa, música electrónica, trance…- y eventos que intentar destacar por su originalidad como la ‘noche del cuero y la fusta’ o la ‘noche del taxi’ organizada por SkyBar, cuya entrada incluye los servicios de un amable taxista que evite el engorroso brete de conducir ebrio. “Este ambiente sólo beneficia al Líbano”, reflexiona una camarera mientras sirve copas a destajo. “Quién sabe si este será nuestro último verano en paz”.

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Filed under Opinión, Spanish

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