Zapatero en la mezquita Omeya

Damasco- Natalia Sancha

Curioso pero cierto, los periodistas estamos citados a las 12h15, hora del rezo musulmán y por lo tanto mayor momento de barullo, en la mezquita Omeya, dinastía que antaño dominara la España musulmana. Cámaras, fotógrafos y reporteros llaman la atención de los fieles y turistas que se amontonan a la espera de Zapatero para poder sumarse al metralleo de fotos.

Lejos de cerrar la mezquita para la visita de Zapetro, ésta se encuentra a rebosar de fieles y de mujabarats –secretas-, ya no tan secretas al correr de lado a lado de la mezquita con cubrezapatos verdes de hospital y metralletas en mano. El ministro de asuntos religiosos así como el  ministro de información sirios acompañan al presidente en su visita junto con otros dos conocedores de la región:  el embajador español en Siria, Juan Serrat  y el ministro de exteriores M. A. Moratinos.

Zapatero, Mohsen Bilal, Moratinos y Juan Serrat en la Mezquita O

Una moto limpiadora se pasea por la entrada de la mezquita recogiendo colillas y limpiando los alrededores. Las calles colindantes  a la mequita están limpias como una patena e incluso los comerciantes de  los alrededores no esparcen sus productos por en medio de las calles como de costumbre sino que se contentan con exponeros en el interior de sus tiendas. La plaza de la entrada de la mezquita no parece la misma. En la escena falta un personaje habitual. El caricaturista que habitualmente se sienta junto a las columnas a escasos metros de la entrada principal de la mezquita, no está. Tampoco está su habitual cigarro ni tampoco saldrán en las fotos sus caricaturas de Hafez el Assad o Bashar junto a la de Marilyn Monroe.

En la entrada de la mezquita , una loseta de mármol reza algo así como “Mequita retsaurada por el presidente Bashar el-Assad”. Una forma de testimoniar y reiterar no sólo la religiosidad sino su compromiso con el Islam del joven Bashar considerado generalmente laico y perteneciente a una minoría religiosa, los alaouitas, que representan alrededor del 12% de la población siria.

Una vez dentro y sin ser descalzado, el presidente, los periodistas y demás acompañantes damos una vuelta por la impresionante mezquita. El patio central bulle en una agitación constante. Algunos fieles realizan sus abluciones en la fuente antes del rezo, mientras que los turistas fotografían a su alredor y los niños corren y juegan. Señoras embutidas en sus velos charlan tranquilamente en alguna esquina o pasean por el patio. Los turistas españoles están en su día de suerte y se abalanzan sobre el presidente que no tiene reparo en charlar con ellos e incluso posar con alguna turista. Todo el sequito persigue al presidente a la sala de rezo.

Descubrimos una enorme sala empapelada con alfombras, donde hombres y mujeres ocupan zonas separadas. Los recitadores del Corán esperan a que algún fiel solicite sus servicios. Las mujeres se agolpan en el área destinada para ellas. Algunos hombres roncan placidamente en las esquinas. Grupos de cuatro o cinco fieles charlan en círculo, masbaha –especie de rosario musulmán- en mano.  También, en medio de la sala, un imán se dirige a sus fieles que arrodillados, y algunos Corán en mano, prosiguen con su rezo..Ante el estupor y curiosidad de los presentes, Zapatero inicia una conversación con el imán. Los fieles estupefactos se enteran de quien es el hombre que se dirige a ellos rodeado de unas cincuenta personas entre seguridad, periodistas y políticos. Entre el intercambio de mensajes universales de paz y entendimiento en la era de la globalización, los fieles se apresuran a sacar de los bolsillos de sus yilabas y camisas, cámaras de fotos y teléfonos móviles para sumarse al cliqueo colectivo de fotógrafos y cámaras. Tras despedirse del imán y los fieles, Zapatero abandona la mezquita para aventurarse a entrar en el zoco cubierto que hay enfrente de ésta. Desde pequeñas ventanas abiertas sobre las tiendas, varios sirios vitorean y aplauden espontáneamente al presidente. Tras visitar varias tiendas, Zapatero desperecerá en el mismo coche que le trajo entre la muchedumbre del mercado para dirigirse  a cenar con su homologo sirio.

Zapatero y Mohsen Bilal en la Mezquita Omeya_Damasco, Siria (Oct

En la mezquita, los fieles vuelven a su rezo y en el zoco los comerciantes  a sus labores. Parece que poco a poco, la presencia de dirigentes extranjeros en siria se convierte en algo normal y motivo de festividad.

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Filed under Politics, Spanish

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