De héroes a villanos, By Mónica G. Prieto in El Mundo

De héroes a villanos

MONICA G. PRIETO desde Beirut

10 de noviembre de 2009.- Mis últimos viajes a Irak han servido para darme cuenta de cuán frágil es la relativa estabilidad que vive la antigua Mesopotamia. Muchos factores contribuyen al pesimismo, pero el más obvio es el trato dispensado por el Gobierno chií a la insurgencia suní que, tras ser tachada de ‘terrorista’ por combatir a los ocupantes, terminó aliada con EEUU, y de esa forma con el Ejecutivo iraquí, con el objetivo común de acabar con Al Qaeda.

En todas las regiones, ciudades y barrios donde el Sahwa -Despertar, el nombre que recibieron los combatientes armados por Washington- actuó, Al Qaeda huyó. De ahí que el grupo sólo siga actuando de forma regular en Mosul, al norte de Irak, donde no se animó la formación de estas brigadas suníes. Pero una vez que, en 2007 y 2008, el Sahwa consiguió barrer a Al Qaeda de su territorio, el futuro de los milicianos suníes quedó en entredicho. El Gobierno de Bagdad se negó a incorporar a los suníes en las filas de sus fuerzas armadas -pese a que la inmensa mayoría tiene una sólida formación militar heredada de tiempos de Sadam- e incluso comenzó a retrasar el pago de sus salarios. Las deserciones comenzaron tan pronto como los sueldos se demoraron.

1257876021_extras_ladillos_1_0

El general Mustafa Kamal Shebib, en su domicilio de Dora el pasado mayo.| Mónica G. Prieto

Todos los líderes del Sahwa con los que me he encontrado desde 2007 compartían varios temores: una fuga masiva entre sus hombres, incapaces de mantener a sus familias y sin un futuro claro, un regreso de Al Qaeda que les sorprendiera con escasos efectivos y, por encima de todo, la campaña de detenciones que había iniciado el Gobierno de Bagdad contra responsables suníes, acusándoles de haber participado en asesinatos.

Hoy leo en Los Angeles Times que ese ha sido el destino de Mustafa Kamal Hamad Shebib, antiguo general de Sadam Husein y responsable del Sahwa en Dora. Los lectores interesados en Irak es posible que recuerden el artículo que le dedicamos en elmundo.es a mediados de mayo, cuando el general nos recibió en su oficina y posteriormente en su vivienda particular del barrio de Dora -bastión de Al Qaeda hasta que Mustafa Kamal y sus hombres expulsaron a los extremistas- para hablar de los acontecimientos en Irak.

Cinco meses después, el citado rotativo estadounidense escribió un largo texto sobre él en el que se daba cuenta de un cambio sustancial en su vida. Un clan rival le había denunciado por la muerte de cinco miembros de Al Qaeda, sucedida en octubre de 2007. Por dos veces, fuerzas especiales iraquíes trataron de arrestarle: en ambas, la policía regular iraquí y las tropas americanas lo impidieron. Con la retirada estadounidense, las cosas no han sido tan fáciles: el pasado jueves, fuerzas de elite del Ministerio del Interior lograron capturarlo.

A prisión por estabilizar

El general Shebib temía un arresto pero no le aterrorizaba la idea. No era un problema de ingenuidad sino de valor: era consciente de que se habían iniciado pasos para llevarle a prisión y de que su futuro no estaba en sus manos, como no lo estuvo en sus 52 años de azarosa vida en Irak. Pero los cargos en su contra, pese a previsibles, son sorprendentes. Estados Unidos armó, financió y formó a los insurgentes suníes para combatir a Al Qaeda con el consentimiento del Gobierno central. ¿Qué sentido tiene ahora incriminarlos por seguir las órdenes de Washington, o por matar a individuos que avivaban el enfrentamiento sectario con atentados indiscriminados en zonas chiíes y que impusieron en terror en las suníes? ¿Cómo se explica llevarlos a prisión por ayudar a la estabilización?

Cuando le planteaba estas cuestiones en su domicilio de Dora, Shebib quitaba hierro al asunto y justificaba las órdenes de detención contra sus colegas -aún no le había llegado la suya- afirmando que era lógico que las familias de los milicianos de Al Qaeda se sirvieran del sistema legal para querellarse, y que la lógica se impondría en los tribunales. El general no quiso acompañarme a recorrer el enorme barrio que controlaba, imaginé que por temor a un ataque de los escasos adeptos a Al Qaeda que habían quedado en la zona tras abandonar las armas. Ahora sospecho que quizás temía una detención causada por un recorrido no coordinado con las tropas norteamericanas.

1257876021_extras_ladillos_2_0

Abu Ibrahim, con chaqueta, posaba con fuerzas americanas e iraquíes en Amiriya en diciembre de 2007.| Mónica G. Prieto

Peligrosas consecuencias

Eso me recuerda el caso de Abu Abed al Obeidi, el primer responsable del Sahwa en Amiriya, otro antiguo feudo de Al Qaeda en Bagdad pacificado por los suníes del Despertar. Al ser uno de los primeros responsables del Sahwa -y además, ser mediático- Abu Abed fue convertido por la prensa internacional en un personaje de moda, el insurgente que cambió de enemigo para acabar con Al Qaeda. Visité Amiriya en diciembre de 2007, cuando me admiró el sombrero de vaquero que colgaba de su despacho así como la colección de fotografías de sí mismo estrechando las manos de los principales cargos militares norteamericanos en Irak. Pero Abu Abed no estaba, y no sabían cuando iba a regresar. Su ‘número dos’, Abu Ibrahim, se pavoneaba por las dependencias de su jefe rodeado de soldados americanos y daba órdenes aleatorias a sus hombres, encantado de mostrar su poder ante la periodista extranjera.

Medio año después, el mismo periodista de LATimes, Ned Parker, me ilustraba desde su periódico sobre la suerte del ‘símbolo’ del Sahwa: tras sufrir un atentado y desplazarse a Jordania para tratar las heridas, descubrió que en Bagdad le esperaba una orden de detención por el asesinato de un prominente miembro de Al Qaeda. Su ‘número dos’, su mejor amigo Abu Ibrahim, no dudó en declararse líder del Sahwa en Amiriya condenándole al exilio.

Parker citaba a Abu Abed afirmando que “Al Qaeda volverá y el Gobierno y el Ejército iraquí serán incapaces de vencerla. La gente [los suníes] ha perdido la fe en el Gobierno por cómo me trata a mí y a otros”. El general Shebib me dijo cosas parecidas. Su ausencia no sólo deja un peligroso vacío de poder en Dora, que puede ser rellenado por Al Qaeda dado que es improbable que sus hombres permanezcan unidos tras la traición del Gobierno central hacia su líder. La misma reconciliación sectaria es puesta en peligro cada vez que un líder suní va a prisión, en especial si su crimen es haber acabado con otros criminales en el contexto de la terrible guerra civil que nunca terminó y que puede reactivarse en cualquier momento.

Leave a comment

Filed under Politics, Spanish

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s