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¿Qué bagaje lleva un soldado a la guerra?

El texto de Mónica G. Prieto en EL Mundo (ver link) sintetiza una de las principales críticas que se han hecho al ejército americano durante la invasión de Iraq.  ¿Qué bagaje lleva un soldado a la guerra? cabe preguntarse. En las guerras modernas del siglo XXI el objetivo es ejercer cambios rápidos, con el menor número de perdidas y por lo tanto con el uso masivo de armas pesadas que aplanen el camino para los soldados y disminuyan así el riesgo. Como primera potencia militar mundial, el ejército norteamericano ha recibido un excelente entrenamiento físico así como en el uso de tecnología punta militar. Aun así las guerras “asimétricas” se lo han puesto difícil en territorios cono Irak o Afganistán a la hora de luchar en terrenos pocos conocidos y urbanos o montañosos.

Pero qué nociones han recibido en el ámbito de la cultura del país que “invaden” para unos o “intervienen” para otros.  Aquí el texto de Mónica es esclarecedor en advertir que hace 60 años había una preocupación mayor por el respeto de la cultura del país en el que se entraba de la que hay hoy. Tal vez debido a que en la época de la colonización las entradas o la permanencia en terceros países no era cuestión de una faena rápida sino de implantar sus colonias, manteniendo la belleza del país para que sus colonos disfrutaran de ellas. También vivían codo a codo, con diferentes estatus claro está, pero en el roce se aprendía de “ellos”, los locales. Tal y como ocurrió en el norte de África a pesar de las barbaridades que se cometieron, siempre se preservó el atractivo y curiosidad intelectual por el “exotismo” árabe o asiático. Hoy, ese exotismo se ha evaporado de las mentes para dejar paso a un puñado de prejuicios y estigmas sobre los aspectos negativos del mundo arabomusulmán. Es más, ese conocimiento y respeto de culturas del que se habla en el artículo debería ser bilateral. Si al entrar en territorio iraquí los americanos hubieran demostrado un mayor conocimiento y respeto de la cultura iraquí hubieran producido un efecto muy distinto para entre la población iraquí. Y seguramente más acorde a los valores americanos de un pueblo de emigrantes respetuosos con la diversidad cultural. En el más puro pragmatismo, de nada sirve ya pensar en qué impacto hubiera tenido tal escenario, pero sí se puede plantear un cambio para el futuro.

N.S

Todo lo que EE.UU. conocía y no supo aplicar en Irak

Mónica G. Prieto | Base Speicher (Tikrit)

[foto de la noticia]

“El éxito o el fracaso depende de que los iraquíes aprecien o no a los americanos”. La frase podría haber sido escrita en 2003 pero ya tiene 60 años, y su autor no es ningún nacionalista árabe sino de algún alto mando de División de Servicios Especiales del Ejército de Estados Unidos.

Figura en un manual distribuido en aquel año a las tropas norteamericanas que se desplegaron en Irak en 1943 para ayudar a los británicos a confrontar la amenaza nazi. Apenas son 43 páginas en formato bolsillo, tan amenas y bien escritas que no requieren más de 20 minutos de atención. Si los soldados destinados por George W. Bush en Irak las hubieran podido leer, es posible que no se hubieran cometido algunos de los terribles errores que se consumaron.

En las ‘Instrucciones para los Militares Americanos en Irak durante la II Guerra Mundial’ se infunde, sobre todo, respeto hacia una cultura distinta a la occidental. Todo está escrito. “Los sheikhs son muy poderosos y deben ser tratados con gran consideración”, reza el manual, pero desde su entrada en Irak las tropas norteamericanas apuntaban, obligaban a arrodillarse y cacheaban a los líderes tribales en los puestos de control suscitando el odio de su comunidad. “Los iraquíes tienen diferencias religiosas y tribales entre ellos”, continúa, aunque los mandos de Washington no hicieron planes para evitar una posible descomposición sectaria del tejido social iraquí como la que se inició en 2004.

“Habla árabe si puedes con la gente. Da lo mismo lo mal que lo hagas, la gente lo apreciará”, explica el breve texto, que ofrece en sus páginas finales un glosario con términos básicos. Sólo ahora, algunos soldados han comenzado a memorizar las frases de cortesía, tras pasar años gritando en inglés consignas tan poco amables como “pare o disparo” o “aléjese” en un perfecto inglés incomprensible para los iraquíes.

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De héroes a villanos, By Mónica G. Prieto in El Mundo

De héroes a villanos

MONICA G. PRIETO desde Beirut

10 de noviembre de 2009.- Mis últimos viajes a Irak han servido para darme cuenta de cuán frágil es la relativa estabilidad que vive la antigua Mesopotamia. Muchos factores contribuyen al pesimismo, pero el más obvio es el trato dispensado por el Gobierno chií a la insurgencia suní que, tras ser tachada de ‘terrorista’ por combatir a los ocupantes, terminó aliada con EEUU, y de esa forma con el Ejecutivo iraquí, con el objetivo común de acabar con Al Qaeda.

En todas las regiones, ciudades y barrios donde el Sahwa -Despertar, el nombre que recibieron los combatientes armados por Washington- actuó, Al Qaeda huyó. De ahí que el grupo sólo siga actuando de forma regular en Mosul, al norte de Irak, donde no se animó la formación de estas brigadas suníes. Pero una vez que, en 2007 y 2008, el Sahwa consiguió barrer a Al Qaeda de su territorio, el futuro de los milicianos suníes quedó en entredicho. El Gobierno de Bagdad se negó a incorporar a los suníes en las filas de sus fuerzas armadas -pese a que la inmensa mayoría tiene una sólida formación militar heredada de tiempos de Sadam- e incluso comenzó a retrasar el pago de sus salarios. Las deserciones comenzaron tan pronto como los sueldos se demoraron.

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El general Mustafa Kamal Shebib, en su domicilio de Dora el pasado mayo.| Mónica G. Prieto

Todos los líderes del Sahwa con los que me he encontrado desde 2007 compartían varios temores: una fuga masiva entre sus hombres, incapaces de mantener a sus familias y sin un futuro claro, un regreso de Al Qaeda que les sorprendiera con escasos efectivos y, por encima de todo, la campaña de detenciones que había iniciado el Gobierno de Bagdad contra responsables suníes, acusándoles de haber participado en asesinatos.

Hoy leo en Los Angeles Times que ese ha sido el destino de Mustafa Kamal Hamad Shebib, antiguo general de Sadam Husein y responsable del Sahwa en Dora. Los lectores interesados en Irak es posible que recuerden el artículo que le dedicamos en elmundo.es a mediados de mayo, cuando el general nos recibió en su oficina y posteriormente en su vivienda particular del barrio de Dora -bastión de Al Qaeda hasta que Mustafa Kamal y sus hombres expulsaron a los extremistas- para hablar de los acontecimientos en Irak.

Cinco meses después, el citado rotativo estadounidense escribió un largo texto sobre él en el que se daba cuenta de un cambio sustancial en su vida. Un clan rival le había denunciado por la muerte de cinco miembros de Al Qaeda, sucedida en octubre de 2007. Por dos veces, fuerzas especiales iraquíes trataron de arrestarle: en ambas, la policía regular iraquí y las tropas americanas lo impidieron. Con la retirada estadounidense, las cosas no han sido tan fáciles: el pasado jueves, fuerzas de elite del Ministerio del Interior lograron capturarlo.

A prisión por estabilizar

El general Shebib temía un arresto pero no le aterrorizaba la idea. No era un problema de ingenuidad sino de valor: era consciente de que se habían iniciado pasos para llevarle a prisión y de que su futuro no estaba en sus manos, como no lo estuvo en sus 52 años de azarosa vida en Irak. Pero los cargos en su contra, pese a previsibles, son sorprendentes. Estados Unidos armó, financió y formó a los insurgentes suníes para combatir a Al Qaeda con el consentimiento del Gobierno central. ¿Qué sentido tiene ahora incriminarlos por seguir las órdenes de Washington, o por matar a individuos que avivaban el enfrentamiento sectario con atentados indiscriminados en zonas chiíes y que impusieron en terror en las suníes? ¿Cómo se explica llevarlos a prisión por ayudar a la estabilización?

Cuando le planteaba estas cuestiones en su domicilio de Dora, Shebib quitaba hierro al asunto y justificaba las órdenes de detención contra sus colegas -aún no le había llegado la suya- afirmando que era lógico que las familias de los milicianos de Al Qaeda se sirvieran del sistema legal para querellarse, y que la lógica se impondría en los tribunales. El general no quiso acompañarme a recorrer el enorme barrio que controlaba, imaginé que por temor a un ataque de los escasos adeptos a Al Qaeda que habían quedado en la zona tras abandonar las armas. Ahora sospecho que quizás temía una detención causada por un recorrido no coordinado con las tropas norteamericanas.

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Abu Ibrahim, con chaqueta, posaba con fuerzas americanas e iraquíes en Amiriya en diciembre de 2007.| Mónica G. Prieto

Peligrosas consecuencias

Eso me recuerda el caso de Abu Abed al Obeidi, el primer responsable del Sahwa en Amiriya, otro antiguo feudo de Al Qaeda en Bagdad pacificado por los suníes del Despertar. Al ser uno de los primeros responsables del Sahwa -y además, ser mediático- Abu Abed fue convertido por la prensa internacional en un personaje de moda, el insurgente que cambió de enemigo para acabar con Al Qaeda. Visité Amiriya en diciembre de 2007, cuando me admiró el sombrero de vaquero que colgaba de su despacho así como la colección de fotografías de sí mismo estrechando las manos de los principales cargos militares norteamericanos en Irak. Pero Abu Abed no estaba, y no sabían cuando iba a regresar. Su ‘número dos’, Abu Ibrahim, se pavoneaba por las dependencias de su jefe rodeado de soldados americanos y daba órdenes aleatorias a sus hombres, encantado de mostrar su poder ante la periodista extranjera.

Medio año después, el mismo periodista de LATimes, Ned Parker, me ilustraba desde su periódico sobre la suerte del ‘símbolo’ del Sahwa: tras sufrir un atentado y desplazarse a Jordania para tratar las heridas, descubrió que en Bagdad le esperaba una orden de detención por el asesinato de un prominente miembro de Al Qaeda. Su ‘número dos’, su mejor amigo Abu Ibrahim, no dudó en declararse líder del Sahwa en Amiriya condenándole al exilio.

Parker citaba a Abu Abed afirmando que “Al Qaeda volverá y el Gobierno y el Ejército iraquí serán incapaces de vencerla. La gente [los suníes] ha perdido la fe en el Gobierno por cómo me trata a mí y a otros”. El general Shebib me dijo cosas parecidas. Su ausencia no sólo deja un peligroso vacío de poder en Dora, que puede ser rellenado por Al Qaeda dado que es improbable que sus hombres permanezcan unidos tras la traición del Gobierno central hacia su líder. La misma reconciliación sectaria es puesta en peligro cada vez que un líder suní va a prisión, en especial si su crimen es haber acabado con otros criminales en el contexto de la terrible guerra civil que nunca terminó y que puede reactivarse en cualquier momento.

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“بغداد: مئات القتلى والجرحى بتفجيرين … ودعوات إلى “التدويل

\”بغداد: مئات القتلى والجرحى بتفجيرين … ودعوات إلى \”التدويل

Impossible to keep on taking about peace  or security,even for Obama, while attacks keep on killing hundreds…N.S

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ENTRETIEN avec l’ayatollah Hussein Fadlallah par Natalia Sancha (en Afkar/Ideas)

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