Tag Archives: Natalia Sancha

De riñas entre fronteras

Por si les falataba poco a los soldados de UNIFIL en el sur de Líbano con la crisis de los misiles sirios, los rumores de una guerra entre Hezbolá e Israel y los avisos con explosivos sin detonadores en un coche de un trabajador civil de la base Miguel de Cervantes…ahora les toca lidiar con las riñas entre pastores libaneses y soldados israelies y recuperar a 185 rehenes que marchan sobre cuatro patas y berrean.

Israel Kidnaps Lebanese Goats!

Israeli moves to arrest Lebanese shepherds have now taken a new turn after army units crossed the Israeli pullout line in the south and “kidnapped” 185 goats in the area of al-Shahel on the outskirts of the town of Shebaa.
A Lebanese army communiqué said Wednesday the Israeli soldiers took the goats to the occupied Palestinian territories.

However, after contacts between the army command and U.N. peacekeepers stationed in the south, Israel returned the goats to Lebanon.

Israel usually detains Lebanese shepherds in the border area of Ghajar claiming they have crossed the Blue Line separating the two countries.

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Velos a 3 Euros en Saint-Germain-des-Prés …

Por un isntante me imaginaba esta tienda siria en SaintGermaindesPrés…velos a 3 euros..imaginen que dolor de cabeza para Sarkozy…

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El festín de los Dioses

Realmente este país es un festín para los dioses, ya sea Allah, God  y …bueno tal vez Yaveh no ya que no se permite la entrada en Líbano a aquellos con estampa de haber pasado por Israel. En cualquier caso, todos tienen numerosos altares, monumentos, mezquitas , iglesias, e incluso una sinagoga en reforma en su nombre. Mas vistosos son los cristos ya que la creencia musulmana se opone a la representación icónica de las figuras religiosas, y no así la mayoría de cristianos.

En fin, de camino a Fanar, pueblecito cistiano a media hora hacia el noreste de Beirut, me topé de frente con La Cruz y con Jesucristo apostado detrás de un semáforo en rojo.

Sin ánimo de burla sino más bien de sorpresa aquí remito las pruebas graficas.

N.S

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Lo que cuentan los retretes…What a W.C has to say…

The tandem religion-politics rhythms the life of Lebanese. Neighborhoods in Beirut are divided by religious confessions, being Ashrafye Christian, Speers Sunni, Dahie Shia and, Hamra a little nomanland’s where the religious mix is spiced by the foreigners’ presence. The rest of the country is a myriad of ethnical divided map with some small pockets of “the others”. This confessionalism is perpetuated by the daily practice and overall by a domestic confessionalism. Universities were divide as well by religions creating generations of AUB educated Christians-Sunni students, being USJ  a fabric of Christian generations, or Arab university contributing with Muslim young generations. And they will all do business with their partners and will maintain their network among their university colleagues and therefore with their religious buddies. Do not misunderstand me, I am not painting a catastrophic picture of Lebanon,and i do not like to present a country by its religious parts, but  I think this societal status has become through time a mere reality. They will probably also get married with their owns.

Nowadays, AUB and USJ or LAU have Shias and Sunnis students. And very often I hear from my Lebanese friends that this “religious segregation is not more the case. That they are all very well mixed and represented in those universities”. Well, yesterday I entered in one of   LAU’s bathrooms. In Lebanon every wall is a blank page were to express oneself and this is what a young person had to say while urinating.

Have a good day,

N.S

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¡¡Que vienen los moros!!

Natalia Sancha- Beirut 110310

Parece que aun no superamos los discursos ciegos y alarmistas como los ampliamente vehiculados por Huntington (o más bien manipulados desde su argumento inicial) u otros más populistas como el que en este artículo de El País se presenta bajo el grosero título “Acoso a los cristianos en el mundo islámico” (a saber si el título es obra del autor Andrea Rizzi o del editor). Sin contar el oportunismo de la fecha en que se publica: 11 M. Esto suena más a cuidado ¡¡ Que vienen los moros!!! que a un artículo sobre el problema de las minorías religiosas en el mundo.

Hasta las personas entrevistadas en el artículo parecen responder a la cuestión del problema de la discriminación religiosa en el mundo hacia las minorías ya sean musulmanas, coptas, judías, cristianas o budistas tanto en Oriente como en Occidente que a la masacre de cristianos en tierras “islámicas”. El periodista se empeña en reducir y enforcar el odio hacia los cristianos. Se le olvidó mencionar, sin duda por falta de interés o tal vez por falta de espacio en el artículo, lo que una rápida búsqueda en la fuente de las fuentes por excelencia en la actualidad (a pesar de los pesares) “Google” hubiera solucionado: que en el mundo musulmán existe lo que se denomina “ahl al kitab “ (“gente del libro”) que diferenciaba el trato que se debe otorgar a los seguidores de las tres religiones monoteístas como gente “amiga” (aunque tuvieran que pagar seudo-diezmos) a diferencia de la otorgada a las sociedades paganas que eran tratadas con la mayor crueldad.

Este tipo de artículos contribuyen a  que gente desde conocidos en Huelva a políticos en Italia sigan convencidos de que todos los moros son hombres, llevan barba, una navaja sujeta en los labios estilo Rambo para aprovechar la mejor ocasión de rajar un cuello cristiano, y un cinturón de explosivos constantemente atado en la cintura por si se presta la oportunidad de inmolarse en la primera guardería a la vista. En fin, caricaturas aparte, se ha de seguir de cerca la intolerancia religiosa hacia las minorías que por otro lado generalmente producen guetos de minorías que a su vez se convierten en núcleos de intolerancia religiosa y totalmente opuestos al contacto con los “otros” y sobretodo a matrimonios mixtos como es el caso de los musulmanes salafistas en Inglaterra, pero también de los indios en Inglaterra, de los judíos colonos en territorios palestinos, de los coptos en Egipto y de los drusos en Líbano, entre otros. Para aquellos que quieran equilibrar su visión sobre las minorías os propongo visitar el blog de  Islam in Europe o la lectura de varios artículos publicados sobre las comunidades judías en Siria en Syria Today.

Firmado: una cristiana (de nacimiento al menos) que ha vivido como huésped en países árabes durante 13 años y sigue con vida.

N. S

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¿Qué bagaje lleva un soldado a la guerra?

El texto de Mónica G. Prieto en EL Mundo (ver link) sintetiza una de las principales críticas que se han hecho al ejército americano durante la invasión de Iraq.  ¿Qué bagaje lleva un soldado a la guerra? cabe preguntarse. En las guerras modernas del siglo XXI el objetivo es ejercer cambios rápidos, con el menor número de perdidas y por lo tanto con el uso masivo de armas pesadas que aplanen el camino para los soldados y disminuyan así el riesgo. Como primera potencia militar mundial, el ejército norteamericano ha recibido un excelente entrenamiento físico así como en el uso de tecnología punta militar. Aun así las guerras “asimétricas” se lo han puesto difícil en territorios cono Irak o Afganistán a la hora de luchar en terrenos pocos conocidos y urbanos o montañosos.

Pero qué nociones han recibido en el ámbito de la cultura del país que “invaden” para unos o “intervienen” para otros.  Aquí el texto de Mónica es esclarecedor en advertir que hace 60 años había una preocupación mayor por el respeto de la cultura del país en el que se entraba de la que hay hoy. Tal vez debido a que en la época de la colonización las entradas o la permanencia en terceros países no era cuestión de una faena rápida sino de implantar sus colonias, manteniendo la belleza del país para que sus colonos disfrutaran de ellas. También vivían codo a codo, con diferentes estatus claro está, pero en el roce se aprendía de “ellos”, los locales. Tal y como ocurrió en el norte de África a pesar de las barbaridades que se cometieron, siempre se preservó el atractivo y curiosidad intelectual por el “exotismo” árabe o asiático. Hoy, ese exotismo se ha evaporado de las mentes para dejar paso a un puñado de prejuicios y estigmas sobre los aspectos negativos del mundo arabomusulmán. Es más, ese conocimiento y respeto de culturas del que se habla en el artículo debería ser bilateral. Si al entrar en territorio iraquí los americanos hubieran demostrado un mayor conocimiento y respeto de la cultura iraquí hubieran producido un efecto muy distinto para entre la población iraquí. Y seguramente más acorde a los valores americanos de un pueblo de emigrantes respetuosos con la diversidad cultural. En el más puro pragmatismo, de nada sirve ya pensar en qué impacto hubiera tenido tal escenario, pero sí se puede plantear un cambio para el futuro.

N.S

Todo lo que EE.UU. conocía y no supo aplicar en Irak

Mónica G. Prieto | Base Speicher (Tikrit)

[foto de la noticia]

“El éxito o el fracaso depende de que los iraquíes aprecien o no a los americanos”. La frase podría haber sido escrita en 2003 pero ya tiene 60 años, y su autor no es ningún nacionalista árabe sino de algún alto mando de División de Servicios Especiales del Ejército de Estados Unidos.

Figura en un manual distribuido en aquel año a las tropas norteamericanas que se desplegaron en Irak en 1943 para ayudar a los británicos a confrontar la amenaza nazi. Apenas son 43 páginas en formato bolsillo, tan amenas y bien escritas que no requieren más de 20 minutos de atención. Si los soldados destinados por George W. Bush en Irak las hubieran podido leer, es posible que no se hubieran cometido algunos de los terribles errores que se consumaron.

En las ‘Instrucciones para los Militares Americanos en Irak durante la II Guerra Mundial’ se infunde, sobre todo, respeto hacia una cultura distinta a la occidental. Todo está escrito. “Los sheikhs son muy poderosos y deben ser tratados con gran consideración”, reza el manual, pero desde su entrada en Irak las tropas norteamericanas apuntaban, obligaban a arrodillarse y cacheaban a los líderes tribales en los puestos de control suscitando el odio de su comunidad. “Los iraquíes tienen diferencias religiosas y tribales entre ellos”, continúa, aunque los mandos de Washington no hicieron planes para evitar una posible descomposición sectaria del tejido social iraquí como la que se inició en 2004.

“Habla árabe si puedes con la gente. Da lo mismo lo mal que lo hagas, la gente lo apreciará”, explica el breve texto, que ofrece en sus páginas finales un glosario con términos básicos. Sólo ahora, algunos soldados han comenzado a memorizar las frases de cortesía, tras pasar años gritando en inglés consignas tan poco amables como “pare o disparo” o “aléjese” en un perfecto inglés incomprensible para los iraquíes.

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Vals con el pasado.

Natalia Sancha, Beirut 2009.

Una simple imagen produce efectos muy diferentes según la pupila que los mire. Películas como “Perspolis” o la más reciente “Waltz with Bashir”, se antojan cómics de interés histórico a los ojos de extranjeros. Pero ambos largometrajes están escritos por gente que vivió episodios traumáticos y que al darle forma de dibujo  parecen soltar un lastre con cada animación.

Ver estos dibujos con extranjeros en Beirut se convierte en un mar de comentarios del estilo  ¿Crees que realmente los israelíes no sabían lo que pasaba en Sabra y Chatila? ¿Sería la juventud austriaca tan punki como la pinta la iraní?

El visionado de estos mismos largometrajes con un joven libanés al lado se convierte en una experiencia mucho más profunda de lo que uno puede imaginar. Sentado a mi izquierda, un compañero libanés nacido el mismo año que comenzó la guerra civil libanesa clava sus ojos en la pantalla. A pesar de que el filme está censurado en Líbano, el codiciado dvd se puede conseguir en cualquier tienda pirata en calles principales como Hamra en Beirut.

*****

De las sombras y memorias

Comienza la película. La invasión de Beirut, a penas un dato histórico para cualquier joven de la misma generación de Hassan en cualquier otro lugar del mundo, produce el primer escalofrío. Para Hassan, Beirut es la ciudad en la que se crió. “Cuando los israelíes se acercaban a Beirut salimos pitando hacia las montañas”, comenta. Al poco, una imagen de varios israelíes viendo películas porno en una casa ocupada en Beirut devuelve a Hassan al pasado: “Los israelíes entraron en nuestra casa. De hecho en todo el edificio y ahí se quedaron. Mi colchón y mis ropas aparecieron en la casa de mi vecino del séptimo. Todo desordenado”, piensa en voz alta sin apartar la vista de la pantalla. Al paso de los soldados israelíes por el paseo marítimo, la Corniche, Hassan no puede disimular su tristeza. La Corniche de Beirut es uno de los lugares más frecuentados por los beirutíes. Mientras algunos descansan sentados en los bancos, otros escuchan música desde los radiocasetes de sus coches aparcados a escasos metros del paseo. Los jóvenes beben y fuman chicha, los niños corren y tropiezan con el sinfín de agujeros en el asfalto. Algunas chicas se han vestido con su chandal de Armani para caminar, maquilladas hasta arriba, a marchas forzadas y perder alguna caloría. Paseo concurrido por adolescentes como viejos o pobres como ricos.

No importa que sean dibujos. O sí. Los dibujos demistifican la violencia que ocurre en ella e incluso parece irreal para los ojos de un extranjero. Pero para aquellos que lo vivieron, los dibujos no son traba para el recuerdo. Esa amnesia que el protagonista, Ari Folman, reclama no es compartida por una generación de jóvenes libaneses de postguerra.

Conforme pasan los frames, Hassan y el joven protagonista de la película se van  acercando cada vez más. A ambos se les escupe a la cara el pasado, aquel que intentaron y seguramente siguen intentando cada día olvidar. Mientras Ari Folman intenta recuperar la memoria y descubrir qué papel jugo en la masacre de Sabra y Shatila y por lo tanto su parte de responsabilidad, Hassan intenta olvidar los años de infancia, de guerra, de huidas constantes ante posibles ataques, el martilleo constante del sonido de las bombas o el subir y bajar de escaleras para encontrar un resguardo al incesante fuego aéreo. A ambos, los recuerdos les devuelven a una realidad que sus mentes rechazan.

Un tanque Israelí avanza lentamente por las calles de Beirut aplastando una fila de coches y destruyendo varios edificios al pasar: “Solían hacer eso muy a menudo. Tenías que ver como quedaban los coches tras los tanques…como latas de sardinas”. Una noche de camino al sur del Líbano y huyendo del norte, el coche en el que viajaba Hassan y su familia se topó de frente con un tanque Israelí. El camino era muy estrecho para que pudieran pasar los dos. Por unos instantes el tanque israelí siguió avanzando. Toda la familia de Hassan retuvo el aliento esperando que el tanque les pasaría por encima. Un soldado subido en el tanque le hizo señas a su padre para que diera marcha atrás y pudiera meterse en un recoveco en uno de los lados del camino para hacer paso al tanque. “Todos suspiraron al ver el tanque pasar”.

Muchos jóvenes libaneses en la treintena intentan olvidar su infancia, una infancia de guerras, bombas y balas. Generalmente rechazan hablar sobre política y una parte de los más pudientes, la minoría, se dedican a salir de fiesta tan a menudo como el bolsillo se lo permita.

Si bien Hassan intenta tal vez inconscientemente borrar de su memoria los años de guerra , hay ciertamente una imagen que no desaparece. Una escena de Persépolis retrata a la perfección esos momentos que compartieron miles de libaneses. Las bombas caen del cielo. La noche ha caído y apenas hay visibilidad a escasos metros. Los padres que apenas pueden conciliar el sueño despiertan a los niños que duermen. Las bombas caen, cada vez mas cerca. El ruido es ensordecedor. Los niños quedan paralizados y son demasiados para ser cargados sólo por sus padres. Los vecinos se avalanchan en el rellano y mujeres y ancianos corren escaleras abajo para resguardarse. Los hombres suben y bajan cargando niños en sus hombros, a veces los suyos , a veces los de algún vecino. En cada rellano los vecinos se paran, recuperan el aliento, y esperan el mejor momento para seguir escaleras  abajo sin que las balas les alcancen  a través de las ventanas de los rellanos. Algunos abuelos son transportados en sillas de ruedas y los más devotos insisten en parar en cada piso para hacer un breve rezo. En el edificio de Hassan no había sótano donde protegerse.

Todavía hoy en día, y sobretodo tras la semana de enfrentamientos que vivió Beirut en 2008, cuando se visita una casa para alquilar, el propietario insiste en recalcar que tal cuarto tiene cuatro paredes; “un cuarto no expuesto” dice orgulloso como el que ofrece una cocina de mármol en un piso para alquilar. Lo que significa que en caso de guerra hay una habitación no expuesta al fuego de las balas donde resguardarse.

Los vecinos en fila, con la cabeza agachada y casi rampando tenían que ir al refugio de un edificio cercano. Una vez allí no queda más consuelo que el de estar sólo.  Transcurrida una década desde el final de la guerra civil, aquellos niños tienen hoy treinta y pocos. Y el tiempo no les ha hecho olvidar, por más que lo intenten, el tronar de las bombas, ni el bajar y subir de escaleras en busca de refugio. Esta escena en Persépolis hace temblar a  más de un joven libanés.

Durante la guerra, los chcekpoints o puntos de control militares prosperaron como hongos en cada esquina del país. Al norte sirios, al sur israelíes. Checkpoints que convirtieron el andar de los libaneses en pasajes estroboscópicos y cualquier intento de movimiento en un sinfín de paradas. Hassan recuerda como a los diez años la familia de un amigo del colegio le invitó a visitar Chipre. Tuvo que hacerse un pasaporte para poder viajar. Tras aterrizar en Larnaca alquilaron un coche y se dirigieron al sur. Al cabo de media hora de carretera, Hassan empezó a  sentirse incómodo. Algo no iba bien. Al notarle inquieto el padre de su amigo le preguntó si se encontraba bien. A lo que Hassan respondió: “Sí, Sí, pero porque no nos han parado los  militares aun? A lo que añadió algo más relajado: “He traído mi pasaporte”.

*****

Imágenes, lastres del pasado…

Hace cinco años un par de jóvenes curiosas israelíes con las que me topé me invitaron a su casa. Eran hermanas y vivían con una tercera chica. Me ofrecieron un trozo de tarta de chocolate. Aquel pastel, tras semanas de viaje me supo  a gloria. Cuando me disponía a devorar el último trozo, una de las chicas me preguntó si me gustaría ver algunas fotos. Asentí esperando ver algunas fotos de viajes y amigos de colegio posando en la mítica foto de clase. Aquellas imágenes empaquetadas en álbumes de terciopelo guardaban otro tipo de recuerdos del que la juventud europea es totalmente ajena. Entre varias fotos una se me hacía especialmente difícil de digerir. La misma chica que me había ofrecido el delicioso pedazo de pastel de chocolate con una sonrisa inmaculada encabezaba la foto. Dos chicas a su derecha y una a su izquierda se sujetaban por los hombros y sonreían a cámara. Debajo de ellas, a sus pies,  yacía un hombre en un charco de sangre. El último pedazo de pastel salió escopetado de mi garganta antes de que pudiera tragarlo. La chica, pongamos Joel, me explicó el significado de tal dantesca escena. Aquel hombre que yacía en el suelo era un palestino que veinte minutos antes había tendido una emboscada junto a otros palestinos a la unidad en la que Joel se encontraba. Uno de los mejores amigos de Joel cayó durante los enfrentamientos y otos fueron heridos. Lograron abatir a tres de los emboscadores. Y en el calor del momento se hicieron una foto con aquel cuerpo inerte bajo su pies, cual trofeo de caza. Tras aquel álbum siguió otro. Esta vez de un viaje que hizo junto con varios amigos tras acabar el servicio militar (tres años para los hombres y dos para las mujeres). Eran alegres fotos de jóvenes radiantes de energía viajando por el mundo o más bien por Sudamérica e India. Mas tarde descubrí que ambos álbumes son decoración habitual de los cuartos de jóvenes israelíes. Uno con las fotos del servicio militar, otra con las fotos del viaje de siete meses  a un año tras el servicio militar. Tal vez ese tiempo y esos viajes les sirvan para olvidar, para poner de lado amargos recuerdos e intentar reinsertarse en la vida “normal” y en sociedad.

Una juventud distinta a las demás

Viendo este cómic audiovisual, me doy cuenta de cuanto tienen en común los jóvenes libaneses y los israelíes y cuan grande es el abismo con jóvenes de países en los que de la guerra no conocemos más que las imágenes que nos llegan y  la batería de números que les siguen. Ni rastro de ruidos por la noche, de pesadillas, de remordimientos,  de cadáveres. Nada de balas, nada de fuego. Nada de lutos por los “mártires” caídos. Algún joven, unos pocos años mayor que Hassan estaría detrás de las balas que se disparan en el momento del Walt con Bashir, y detrás de las balas que agujerearon el Holiday Inn que hoy sigue presidiendo las vistas al Mediterráneo, a escasos metros de donde 30 años más tarde asesinarán a Hariri.

Desafortunadamente, cuando termina el filme, me queda la sensación de que Hassan también asistió a ese Vals  de guerra, cuya melodía aun martillea su cabeza en situaciones como ésta.

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